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Cuentos - 25 de Enero de 2014

Una vida sin sentido

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Nació un día jueves, libre de clínica y parto complicado, teniendo por mundo al basural de la calle 13. La única suerte era que la naturaleza no la había dotado de un desarrollado y fino sabor, por lo cual le resultaba fácil vivir en aquel mugriento entorno donde miles de su especie concurrían a echarle un vistazo (como excusa), mientras se aprovechaban para llevarse algo de ese inhabitable lugar.
Ella comprendió que era una intuitiva y que Dios le había otorgado una gran repentización y mejor vista, para hacerle frente a los peligros que acechaban su existencia.
Debía aprender con premura los recónditos secretos de la vida, ya que no podía contar con el amparo ni con la formación inicial de sus progenitores, a quienes nunca llegó a conocer. Comenzó a absorber la experiencia aceleradamente por medio de las pequeñas ventanas de sus ojos y así poder continuar el destino de su naturaleza impuesta, tratando de seguir el derrotero de aquellos visitantes congéneres. Así, descubrió un vasto universo que la contactaba con el espacio, a veces anexado a sus instintivos miedos, como también con la superficie que transitaba con el trémulo movimiento de sus inquietas patas.
Como no sabía cantar, utilizaba un sonido gutural agudo que la comunicaba idiomáticamente con sus pares, propiciando un coro casi perenne que permitía acercarse al Creador como si se trataba de aquellos "aleluyas" que una vez escuchaba casualmente cuando rondaba por los pórticos de una Iglesia: ¡Alabado sea el Señor!, pensó, y siguió chillando monocorde.
En uno de esos tantos atardeceres adquiridos por el don de la vida, descubrió la morada de sus sueños y en donde anhelaba pasar el último tiempo de su efímera existencia. Techos altos revestidos con tejas brillosas azules, permitían vislumbrar el extenso espacio que precisaba ese sentimiento de libertad sólo atribuible a muy pocos elegidos. Luminosas aberturas recubiertas por cristales espejados parecían albergar un sinfín de arco iris vibrando en reflejos multicolores. Si bien el esplendoroso jardín ofrecía, le resultaba más subyugante conocer el interior de aquella mansión materializada por el más profundo de sus ensueños. Penetró en ella a través de la entornada puerta, que era una muestra acabada de la perfección ebanística. Recorrió cada uno de los ambientes en medio del descomunal asombro que le provocaba la vista del mobiliario de estilo, cortinados y edredones, deteniéndose de vez en cuando para observar los cuadros de motivos bucólicos y naturaleza muerta.
Trepó las escaleras irrumpiendo en el cuarto principal, que era una hermosísima recámara en donde albergaba la excelsa magnitud de lo onírico. Tal fue el impacto emocional recibido que decidió no deambular más y así quedarse extasiada, sobre el cubrecama de terciopelo rojo, contemplando cada detalle de ese ámbito principesco.
Fue una noche de clara luna, mientras rezaba en voz alta sus oraciones, que, sintió estampar su frágil cuerpo en el secreter de fino mármol, escuchándose como epiceyo: "No se puede dormir con tantas moscas"

"Tal vez, no somos nada más que la materialización espontánea de un sueño de Dios. Tratemos de que ese sueño no se transforme en pesadilla y permita que el Ser celestial se despierte"
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583