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Ensayos y política - 16 de Marzo de 2010

Borceguiando

Borceguiando
Borceguiando cadáveres el sendero prusiano viste esoterismo en candela celeste sumergido sobre fosas de cuencas anónimas. Taladran alquinales. Simiente infecunda de osarios perdidos por la voz del trueno suspendido en equis, brisando futuro de gregal insignia renacida en Kabul y Bagdad. La metempsicosis se agrupa y vomita su abismo, desterrando auroras a cambio de aptos sepulcros que fecundan dioses acerados,  proclamando la carente epistemología de los designios universales que, a manera de pancarta, suministran la sanción del próximo dogma sujeto al albañal de la pérdida integral sin absoluciones dirimidas. La infurción es tributo de poder y la negra bolsa el principio del expendio obligatorio que sucede agravecidas condenas proclamadas, de favores libertarios que dictaminan los dueños del mortífero dinastismo.
La cerrazón envuelve el destino de la evolución perimida, mientras la ácida lluvia acecha el final de especies acorraladas en diásporas profusas de lo que quede del fuimos. El hongo humillará la historia arrancando sus mejores páginas y aquella voluntad de quienes quedaron suspendidos en un pacifismo sin destino, alimentando el humus con el negror de prolíferas acciones, hoy desmanteladas en un epitafio condenable.
La crisis mundial acelera el desenlace. No queda tiempo para negociar sangre por dinero, dado que el dinero ya no alcanza para apuntalar el derrumbe del imperio. La globalidad ha generado el esplendor de la decadencia y la barbarie no podrán resucitar el flagrante diseño geopolítico de la tierra de nadie. A pesar de tan abundante  y estratégico planisferio.
Busca tu placebo. En la tarjetización del número correspondiente. En la informática regulada. En el celular que reúne fatuas palabras de soledades anticipadas. En la TV que disecciona la vergüenza de cada realidad anulando neuronas. Todo sirve para distraerte, planta sin relieve ni campo con el que puedas alimentarte. Digita tu número, y espera la nimiedad del resultado que concluye con todo aquello que pudiste haber sido.
Espera que la soja incremente el comódity de lo que nunca te llegará. Calma. Ni siquiera el PBI te pertenece. Continúa en tu casa contando las monedas que acompañarán tu caja final, si resistes. Únete a los prejuicios, a la discriminación, al exacerbado individualismo, insulta a las paredes y pinta con rencor todo aquello por lo que no has sabido luchar. Nunca menciones obligaciones. Sólo habla de derechos, sin haberlos merecido.

El que borceguía cadáveres, vendrá por ti y tu descendencia. Es ley del poderoso que desespera.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583