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Ensayos y política - 06 de Marzo de 2006

Pachamama

Pachamama
Por saberme zahorí viví debajo de las calles,
Soy nutriente de los valles, mandante de pies y mundo
De agobiados e iracundos, de alegrías y de achares.
Soy suburbio de la luna eclipsada por la arena,
Del poeta soy la vena inspiradora de versos
Y el restañado reverso del tiempo que te condena.
Logré ver al Partenón deponiendo su cabeza,
Hasta el Louvre con su belleza destinando la antesala
Y el corcel con su mirada resignando su entereza.
Llegaron desde mi abajo para colmarme de estrellas
Esta locura tan bella de un centro abierto a destajo
Y es la siembra que abarajo para continuarme en ella.
Mis noches fueron marrones con olor a humus negro,
Soy raíces del enebro, del sauce, del rosedal
Y un silencio mundanal que me reúne en tu ruego.
Mis riquezas son la inmóvil trascendencia de mi cuerpo,
Bañados, lagos, lagunas y amparo de las cañadas
Deslizando madrugadas como misteriosas runas.
Tengo en mi seno abismal al faro de Alejandría,
A Rodas y su Coloso y a la Atlántida perdida.
Sostengo los cementerios como un vigía de muertos
Rogando por el entuerto de esos seres olvidados,
Soy censor de los callados que protegen desaciertos.
Soy el mástil que sostiene por la base a su bandera,
El que conoce la entrega de la simiente fecunda,
Un nido de marabunta y el control de la caldera.
Soy la luna del corsario que sucumbió en su galeón,
El pie del triste fogón que hace el gaucho solitario,
Soy temblor y diccionario de la cruda sinrazón.
De mi conoce el mapuche, las serpientes y las hienas
Y en noche de luna llena, si alguien quiere que me escuche
Pues sacaré de mi buche todo el dolor de mis penas.
Idioma soy de ese indio que me llamó Pachamama,
De los huesos soy la cama, lamento del que comprenda,
La cobija de la hembra y la aridez hecha llama.
Soy la tierra millonaria de añares puesto en mis capas,
El diseño de tu mapa, estigma de lo geológico,
Un maestro cruel y lógico que a la inconciencia le escapa.
Si te mueres seré polvo a pesar de tu egoísmo
Mas siempre valdrá lo mismo aunque perezcan los hombres
Por más que arranques mi nombre, no podrás con su atavismo.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583