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Poemas y visiones - 09 de Septiembre de 2010

El silencio y la palabra

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Hace cien mil años se comenzaba a evidenciar el sendero ecuménico, promulgado en sonidos guturales donde el accionar gestual determinaba el compendio de las sensaciones.
La corriente neuronal superpuesta fue prodigando la gesta evolutiva que llevó el grito y el jadeo al manifiesto del idioma. Por consiguiente, la palabra comenzó a incursionar imágenes del pensamiento, declamando sentir y compulsa conforme a las circunstancias ambientales, emocionales, de mando y sumisión. Allí empieza el principio de lo que hoy conforma el ser integrado a semejantes de iguales ambiciones básicas, diversas filosofías y distintos dogmas culturales.

Quiero realizar un breve ensayo que determine el sentido del silencio y la palabra. En qué punto concordamos con el proceso existencial y la carencia que envuelve el absurdo enunciado por el orden racional, plasmado en la contingencia humanística cada vez más distante.

El habla nace a modo de interpretar y pronunciar el deseo de lo aprendido, experimentado y juzgado a modo de verdad absoluta. La palabra escrita se resuelve en críticas, expresiones creativas y de alto vuelo, vulgaridades, plegarias, fanatismos, órdenes, súplicas, engaños, dolores y placeres, contratos y compromisos, misterios y revelaciones dudosas y muchas más posibilidades que genera la realidad antropológica. Su empleo tiende al valor y al desvalor.

El silencio se alberga en la reflexión, en los dólmenes y menires, en el contenido del universo, en el llanto callado de un ser abandonado, en los desiertos que cubrieron selvas y llanuras frondosas, en los monumentos que tienden a no caducar el compendio de la historia.

El silencio es eviterno. La palabra, finita.

Mejora los silencios que la palabra no puede. Pare lo absolutorio. Ordena con el silencio la magnitud de quién somos, procurando observar aquello que nos abarca en un sinfín falto de eco y tiempo. Allí, encontrarás el manantial de la vida prolongada en su total trascendencia.

Si así no fuera, muere ladrando como guerras.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583