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Ensayos y política - 23 de Marzo de 2010

24 de Marzo de 1976

24-de-Marzo-de-1976
Catorce madres mostraban en vientre vacío, rondando la pirámide de mayo,  argumentando senderos por vuelo de muerte, torturas ignoradas, de pérdida abolengo e  incólumes sofismas perpetrados, sobre rondas de artificio legadas al fin de una historia esperanzada.

Testimonios de blancas momificaciones, preñaron el sentir de vidas devengadas como  ignotos sitios asentados por el uniforme gris que dilema sus secretos. Aquellos padres, junto a la Catedral y Cabildo acompañaban el universo de sus bienes desgarrados. Viendo que el elixir de su herencia pujaban la trascendencia amada de sus mitos.

Astiz, Videla y el tigre Acosta, obedientes títeres del dictamen de la operación Cóndor, completaron  la función encomendada que entregaron la consigna del bien patriótico.

La cruz de cristo acompañó el exterminio a modo de complicidad ecuménica, junto al  dogma de la esencia, conspirando – como casi siempre –  con su poder secular del conveniente reino, a modo de silencio y exégetas de la inmoralidad corporizada.

Mientras la luz irradia el sepulcro semejante, sosteniendo memorias infinibles, dividiendo la angustia disgregada en un cúmulo de causa incomprensible, la historia se hace cargo de la instancia develada aunque el cuerpo se diluya por medio de vigencias execrables.

Todo el mundo contiene subterfugios delineados sobre mantos de locura irredimible.

Somos tumba de hermanos ignorados que pronuncian osarios sepulcrales y un hálito de libertad naciente, diagramando el juicio lamentable de saber que fuimos cercenados.
Y, en esta democracia falaz y convenida, se derrama el canto de los hados que lucharon por el “algo” de este somos, dejando sus huesos profanados.

24 de Marzo, un lugar común, dónde todos hemos sido asesinados. 
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583