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Cuentos - 11 de Julio de 2005

El plan

El-plan
Las continuas disputas defendiendo ideologías impracticables, eran el único fin para sostener el poder económico y el control geopolítico. El mundo preestablecido se había constituido en un polvorín abierto y latente, donde las luchas por reconquistar los territorios perdidos, que cayeron en manos de los dueños del armamento más prolífero y sofisticado, causaban ingentes devastaciones. El terrorismo organizado trataba de establecer oposiciones, aunque desparejas, constituyéndose en redes difíciles de detectar por parte de aquellos radares satelitales que habían alcanzado una perfección científica increíble.


La distribución de la riqueza industrializada y de las regiones más prósperas, constituyeron un nuevo mapa, conforme a lo programado por los líderes de la gran conspiración universal.


Sin embargo, el incremento demográfico significaba un peligro para quienes habían elaborado esta cuidadosa planificación durante los últimos cincuenta años. Sobraba la mitad de la humanidad, inmersa en la pobreza, en enfermedades antiguas y fuera del sistema pacientemente diseñado.


Los más importantes hombres de ciencia fueron convocados para conseguir un medio incruento que permitiera la eliminación de la lacra del retraso irreversible, poniendo en riesgo los planes que se trazaron anticipadamente.


Con el tiempo lograron construir dos armas de última avanzada. La primera, consistía en un artefacto que neutralizaba todo sonido existente producido por el entorno viviente. La segunda, generaba la invisibilidad de toda cosa o sujeto, en el instante que alguna persona posaba su vista en cualquier objeto.


Aceleradamente, la autodestrucción envolvió al mundo de los descartados. La pérdida imprevista de los principales sentidos produjo confusión, caos y ciento de miles de accidentes previsibles. Los cadáveres esparcidos en las zonas contaminadas se hallaban por doquier, junto a esa montaña de hierros retorcidos que una vez fueron vehículos terrestres, embarcaciones aéreas, fluviales y marítimas. Solamente eran acompañados por el infinito silencio y una mirada que jamás nadie alcanzó.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583