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Cuentos - 30 de Abril de 2006

Sujeto

Sujeto
Bajo un cielo gris, rebasado por el espesor de la vida, Sujeto camina todas las mañanas las mismas sendas programadas. Y aunque no quisiera, bien sabe que Rubén Parada jamás responde a sus deseos, prefiriendo encallecer sus pasos antes que aceptar una orden suya.


Sujeto, entra al bar de siempre. Solicita el cortado acostumbrado, mientras la ventana muestra el transcurso de cada instante del pasado. Aquel escaparate conoce que lo que es testimonio de curiosidad, ingresa velozmente a ser tragado por el consumo irremediable de lo que termina de suceder. Sujeto, sorbiendo el primer trago del humeante pocillo, lleva su palma a la derecha de su cintura, sabiendo que Pepe Vesícula le entrega el primer saludo jugando malabares con las piedras. La frase repetida en silencio no se hace esperar, y otra promesa volverá a disipar la solución urgente. Total, Pepe, es uno de los pocos referentes honestos que le permite seguir aceptando su existencia.


Jorge Mirada, sujetando el pezgo de sus bolsas, lo incita a contemplar el irreal accionar de la indiferencia, dónde el álgido movimiento lo aparta de su insistente coalescencia. Solamente, cuando las márgenes del proscenio iluminan hacia dentro, el deambular de las ideas interrumpen la parodia actoral tangible. Lo mismo ocurre cuando, dejando los espejuelos enmarcados sobre la mesa de luz, penetra al plasma onírico, otorgándole a la rutina insoportable, un remanso de piedad y fantasía. Y aunque la memoria lo traicione al siguiente día, no interesa. Él intuye que algo de bueno debe haber acontecido.


Recuperando la taza a medio beber, un punzante malestar le da la bienvenida a Jacinto Cuore, amigo permanente de batallas inconclusas, flameante expositor de trapos blancos entre fracaso y resuello. Fiel mentor de tropiezos recurrentes y hacedor del compendio ineluctable. Y otra promesa volverá a disipar la solución urgente.


Alberto Manos, le sugiere abrir su agenda de todo lo que allí figura como negado. Algunas anotaciones y números telefónicos, le comentan anécdotas de ausencia. Una visión de gotas sin sentido, van diluyéndose sigilosamente en el marco inferior de la húmeda ventana. La reacción despabila a Manuel Conciencia, advirtiéndole que está lloviendo fuera del entorno, aunque Sujeto siga percibiendo el frío del aguacero en su piel. Él conoce muy bien a Manuel, es como una gran parte de su entender pragmático y……….a veces, emocional. Recuerda que en varias oportunidades le dio prioridad, confianza y depositario del tiempo de la ética, de la paciencia, de la justicia, de la tolerancia, del sentido común y del amor…………..sí, también del amor, a pesar que Ramón Inconciencia, su hermano invertido, siempre habitó en las antípodas, trasgrediendo principios, objetos y fundamentos. Será por eso, que Sujeto transcurrió la vida en intermitencia.


Alberto Manos, cerró la agenda. Sacó el billete de un bolsillo. Sumergió a Sujeto en su piloto. Despidió al mozo con saludo desganado. Abrió la puerta del bar y dejándose llevar por el pluvial torrente, ingresó a la alcantarilla de otra muerte repetida.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583