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Gauchesco y Lunfardo - 04 de Febrero de 2013

La pebeta

La-pebeta
Estaba en el estaño, junando las mistongas caripelas, sentadas cerrando las gambas del afrecho de algún gil. Ella alargaba el cogote, viroleando yo el vicheo, y el ritmo que embalurdaba la pista del entrevero. Mientras tomaba un alpiste, la grela piantó pa’l biorse, y haciéndome el otario, me acerqué hasta el de Damas. Chamuyando con un bobi,  de pavadas y alacranes, de un bardo que no batía lo que calzaba mi alce. Apareció la pebeta, y me abrió bien sus ventanas, y le vendí algún piropo que la zabiola me daba. Compartimos copetines. Bailongo de los 80’. Y, un rockanroll que subía su falda hasta la testa. Si bien no era ventudo, algo de aceite tenía, nos fuimos para ese feca que cobijaba mis días. Luego, ese tumbadero, y de vagoneta en jacuzzi, todo se volvió mutis, y en trotadora la trucha. 
Nos vimos por algún tiempo. Su viejo hacía tamangos. Me dijo de ir a España para tomar  aceitunas. Vivía con otra nami, viniendo del pobrerío. Y, entre novis de apiolarse me pispiaba de avería, y por debajo la silla, se me hacía la azotea.

Para final de este cuento, y no siendo un avivato, me quedé con el bagayo, azotándome en un lazo, mientras que la otra percanta, se fue a Madrid con un punga.
Sigo bancando a la gorda, mientras me pianta la sunga.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583