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Ensayos y política - 01 de Enero de 2004

Previsibilidad

Previsibilidad
Palabra muy utilizada por el oscurantismo político, que se ha trasladado al resto de la sociedad desde hace muchos años. Diría que es mirarse en el espejo de un baño prestado para luego romperlo. En definitiva, es la mejor manera de joder al otro, suministrándole nuestras jodas, que a la larga se transforman en circunstancias igualitarias.

La previsibilidad, en nuestra cultura, es un tiro por la espalda que siempre nos agarra desprevenidos. Los docentes imponen un paro al comienzo de clases; los maleteros, el transporte y las empresas de aviación cesan actividades en días claves, perjudicando al turismo; los transportistas protestan dejando pudrir alimentos perecederos, sin importarles las víctimas de la desnutrición; los piqueteros cierran vías y accesos, lesionando el derecho de quienes trabajan; los productores destruyen bienes de consumo interno para equiparar los precios de mercado; los infames que impusieron la razón del despropósito están ganando en las encuestas presidenciales; la ceguera del hoy abre las puertas funestas del futuro, cercenando la esperanza que se contiene en el sentido común, y la presunción extiende sus alas amparando la impiedad.

¿Cómo sería el periplo de Alicia en el País de las presunciones? ¿Cómo harían Hansel y Gretel para salir del laberinto de las presunciones? ¿Qué haría Caperucita roja si el lobo fuera una presunción de abolengo? ¿Quién le llenaría la canasta?. Seguramente muchos, dado que en la comarca de las presunciones todo es válido. Sería correcto suponer que el Tío rico (haciendo las cosas por su cuenta y sin arreglo con el poder) hubiera sido esquilmado por un decreto de necesidad y urgencia, confiscando o pesificando todos sus bienes. El Pato Donald sería más pato que nunca, autosecuestrándose para pedir rescate y sus sobrinos lo habrían abandonado luego de haber conseguido un trabajo de ñoqui en algún departamento gubernamental. Los chicos malos estarían a sus anchas, laborando en la SIDE, favoreciéndose con cualquier proyecto mafioso. El ratón Mickey estaría en la cárcel por pagar el colectivo con la moneda falsa que le dieron de vuelto en el supermercado y Pluto sería encuestado como un boludo más, incrementando el índice de los que votamos. El gordo Pete pata de palo se haría sindicalista y el capitán Garfio organizaría cruceros, llevando chorros a las islas Caimanes (donde perdiera su mano). Campanita sería violada por algún cura y Peter Pan deambularía pidiendo limosna y durmiendo en una plaza de barrio invadida por pobres y drogadictos. A Pinocho le afanarían el naso para subastarlo como enorme vibrador y a Dumbo (el insolvente) lo raptaría alguna compañía de aviación para no tener que pagar posibles indemnizaciones en caso de accidente en Aeroparque. A la Dama la llevarían como testigo encubridora de algún crimen acaecido en un aristocrático barrio privado, y Vagabundo se colaría en un viaje a Roma, para conocer al Papa. Luego lo echarían a patadas en el traste por haber desmejorado la imagen de los corruptos. Los 101 dálmatas se repartirían de la misma manera como se distribuye la guita en la legislatura bonaerense. A Porky y Anabela se los hubieran morfado como represalia, por haber querido dejar de ser renta presunta. A la Bestia lo incorporarían como retrato en algún gabinete y a la Bella no le dejarían agujero sano. Betty Bup trabajaría de sirvienta con sexo incluido y sin pagarle remuneración alguna. A Aladino le frotarían las bolas para que nivele el déficit fiscal y disminuya la deuda externa. Al Jorobado le dirían: -¿otro más?. A la Sirenita le hubieran hecho la cola y al E.T. la bicicleta.

En el país de las presunciones cualquier cosa puede pasar. Una sociedad de Simpson lo ampara. Pida su turno y no se olvide de comprar vaselina.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583