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Ensayos y política - 01 de Enero de 2004

Cetrería

Cetrería
No es casualidad que en los últimos cuarenta años estemos dominados por la incuria y la devastación producida por uniformes de facto y “demócratas” cuervos abogados, quienes condujeron los destinos del Estado. Las botas fascistas y el espasmo leguleyo son inclusivamente la lacra que destruyó el conductismo constitucional, mediante inmanencias corporativas surgidas de traiciones y golpes demagógicos, estragando voluntades populares y erario público a favor de mezquinos y programáticos intereses, propios y foráneos. Los siete años de bonanza siempre han favorecido a estas minorías seudo – oligárquicas, mientras que los septenios de sequías han perjudicado a las clases menos preparadas en el manejo de la estafa y a aquellos que continuarán subsistiendo en la miseria. El desmantelamiento del Estado – Nación que destruyó industrias, educación, seguridad y juridicidad, sigue el camino de la constancia apátrida a rajatabla, por medio de obcecados carentes de cognición e innobles mandatos rebatiendo promesas electoralistas. Los diversos caranchos dejan caer bombas, desaparecidos y medidas que siguen victimando a los descartados del privilegio que sugiere una vida digna. La pantomima se nutre de discursos draconianos y la diatriba esconde la falacia que sustenta el repetido despojo. La inveterada continuidad parece no tener fin. El oportunismo convalida lo anteriormente negado en muecas de legalidad ausente. La oposición a los contratos petroleros; la reforma del Estado a través de privaciones; el otorgamiento de superpoderes y decretos de necesidad y urgencia, todo ha sido convalidado conforme a las administraciones de turno, desvirtuando su pasado minoritario. Es de comprender que los artilugios requieren de oportunidad para transformarse en insoslayable hipocresía argumental sin fundamento jurídico, aunque tenga el respaldo de la mayoría congresal adepta a los intereses camaleónicos de turno. El despropósito a gobernado los famélicos destino de la patria, donde la macroeconomía no alcanza una función humanística igualitaria. Los bolsillos del poder siguen detonando beneficios inconfesables, a pesar de una falta de malla de contención social que se debate en el día a día, demostrando el irreconciliable 14 bis de otra pancarta sin futuro.
Esta cumbre calificada como segundo cordobazo, es la muestra acabada de un estereotipo esquizofrénico que infecunda cualquier ápice filosófico y político. Las razones únicamente se asemejan en la idea de eternizarse en el poder, partiendo de la tiranía consagrada a la dictadura democrática. Venezuela ha quintuplica sus ganancias petroquímicas y triplicado su pobreza. Cuba mantiene la gorra de un pueblo careciente, refrendada por un vetusto personaje que vive en oligárquico confort abonado por su encarcelado compatriota. Argentina se afirma al garete en medio de masivas protestas que reclaman por la peor distribución de la riqueza en toda su historia. Veinticinco mil pibes figuran en lista de espera – en el hospital Bollini – para su tratamiento ortodoncista, sabiendo que recién obtendrán un turno a cuatro años. Sería conveniente que cada ciudadano llame al 911 para que detengan a los ladrones alojados en hoteles cinco estrellas en la ciudad de Córdoba. ¡Ah!........si es posible, que nos traigan algunas sobras del morfi de las mesas, dado que las pagamos cada uno de nosotros.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583