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Breves historias de vida - 26 de Diciembre de 2009

La hipócrita amistad

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Cuando emprendemos ciertas circunstancias que la vida otorga, ingresamos al remanente de las posibilidades. Escapar del pasado reciente, generar nuevos emprendimientos, salir de nuestro terruño para observar lo que la oportunidad ofrece.
Entonces, nos vamos de nuestro útero telúrico para trasponer un manantial de incógnitas que se derivan en la esperanza del futuro.
Así llegué a Perú. Ingresando a una realidad de carencias, de labores indecisas, sosteniendo un caudal de sueños abiertos a las contingencias que la existencia tienta.
Conocí personajes, seres humildes, cultura diferente y amigos que nos imanaba el sólo hecho de ser compatriotas. Eran el hogar que promulgaba aspectos de nuestra idiosincrasia, abigarrados en tumultos anecdóticos y solemnes, de lo que nos había sido dado en nuestra conflictiva tierra, conforme a su historia de los años 70'.
La bohemia; realizar lo que pudiéramos o estuviéramos capaces de hacer, enaltecía nuestro espíritu de éxodo voluntario, con la intención de enaltecer nuevos y soñados horizontes.
Recuerdo a un amigo Julio, austero en su decir, muchas veces lacónico y que había llegado con una pareja de formas voluptuosas. Tanto a él como a ella los conocí en un café concert llamado "Tartufo". Sin ser demasiados concurrentes, aunque mi amigo tenía un salón de belleza en la misma galería, recuerdo que ella se ofreció varias veces – de forma indebida – rechazando sus absurdos convites, dado que se trataba de la mujer de Tijeras. Luego, un tal "tanguito" se la llevó para otras latitudes, con el consentimiento de su pareja, quizá, algo cansado de la relación mantenida, o por cuestiones personales.

Con Julio nos dejamos de ver a partir de l980, cuando obligatoriamente tuve que partir de la tierra inca.

Después de 29 años nos hemos podido conectar, por ese mágico encanto de las causalidades. La informática unió nuestras alegrías y nos pusimos al día respecto a la actualidad de todo lo vivido en ausencia y desconocimiento. Pero, según parece, el tiempo cambia a las personas, debido a que ya no son parte del lejano recuerdo y los avatares modifican los valores. Uno cree que todo se mantuvo igual que antes, sin comprender que los diversos diseños existenciales van alterando principios y preceptos.

Es la realidad de un universo que nos muestra la decrepitud de quienes han llegado a ser en el trágico albañal de su vida, creyendo que ingenuas palabras fueron malintencionadas, devaluando el sentido de la lealtad que se corresponde a la amistad.

Lo extrañé enteramente tanto, que no alcanzo a comprender su actitud del después. La vida es eso que pasa al lado suyo.

Bye, Julio.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583