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Cuentos - 23 de Abril de 2006

Dedicatoria

Dedicatoria
En este paso como ensayista y cuentista debo mi total agradecimiento a alguien que compartió, en todo momento, la posible realización de este libro.
"Tuviste de mi mano y de mi mente una herencia vasta y trajinada, siendo el testigo silencioso de mis experiencias más secretas.
Tu oscura sangre transitó raudamente pasajes de mi vida, traduciendo largos años en instantes fatigantes, repletos de perpetuos momentos alternados que fueron desde la tornasolada dicha, hasta el gris lamento del dolor.
Fuiste el cruel purgador de mi conciencia y la consigna del aliviante perdón. Me volcaste en esos estados para permitirme recuperar la visión acertad, que escondía mi memoria, e imaginar los segmentos de retóricas vivencias, y así llevarlos por el sendero que siempre pretende redimir algún aspecto del pasado.
Muchas noches te dejé abandonada en un espacio austero, sin pensar que esa ausencia desnaturalizaba el sentido de tu elemental destino. Una mañana en que lloraste, ofendí tu esencia, sin darme cuenta de que estabas extrayendo todo lo mejor que tenías para darme. Y me limpié de tu contacto visceral, como si estuviera discriminando tus aglutinadas palabras silenciosas.
Tu enhiesta figura fue el diapasón por donde pasaron los diseños de mis cuentos y esos poemas desterrados del compendio de mi alma. Y aunque nunca me puse a pensar sobre tu silencio, muchas veces te sumergí en mi boca para ver si podías encontrar la razón apropiada a mis confusas ideas, para que se pudiera transformar en evidencia el tierno enfoque de lo onírico.
Quiero confesarte algo que tú supuestamente intuyes: jamás te elegí selectivamente para desarrollar mis fieles añoranzas. Ni siquiera cuando, sin saber por qué, viajaba por las rutas esporádicas de los ensueños, alternando verdad y fantasía. Más te digo: nunca me importó llorar, sonreír o sonrojarme delante de ti, debido a que mi ignorancia te sustraía del contexto cómplice que mantenía con cada uno de mis adentros.
Pero hoy me detuve a pensarte y observarte. Y comprendí que eres la simbiótica prolongación de mis referencias vivíficas, que te devuelve entrañable y concreta, como si se tratara de un descubrimiento maravilloso, del que uno no tuviera conciencia.
Perdóname, amiga mía, por no haberme dado cuenta de que siempre estuviste a mi lado cuando más lo necesitaba.
Espero que todos aquellos que, al igual que yo, escriben alguna vez, tratando de encontrar amparo o trascendencia, te descubran y te quieran como yo te quiero, lapicera de mi vida"
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583