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Ensayos y política - 01 de Enero de 2006

Violación

Violación
Es irrelevante e inmoral pensar que una violación puede tratarse de un hecho menor, observando la magnitud de las consecuencias. Los medios periodísticos nos han venido atosigando, durante días, de circunstancias violatorias flagrantes que tuvieron como víctimas a menores de edad. Una muletilla que se repite cada tiempo, sustrayendo de los espesos nubarrones el rostro de algún sacerdote que el poder pretende sepultar en el olvido. En definitiva ese adagio vigente que sentencia: “dónde hay dinero no hay justicia” sigue amparando al crimen.

Pero existen infinidad de sucesos violatorios. Más diría, cada acción ilegal lleva implícita la violación como sentido y forma. No respetar las reglas de tránsito; los derechos del vecino; el reclamo de facturas; las normas viales; las formas de convivencia; suscribirnos al cohecho; a la evasión impositiva; al despotismo de la intolerancia y tantos actos cotidianos que son innumerables hechos de irrespeto.

Al mismo tiempo el estado sigue sosteniendo el criterio de la ilicitud, encubriendo asesinatos, comportamientos mafiosos y atentados de fácil resolución, violándonos, además, conforme a derecho, con nuevas cargas impositivas exigidas por las entidades financieras internacionales, destruyendo el aparato productivo que genera mayor desamparo, aniquilando el derecho universal al trabajo y la procuración de una vida digna. La sustracción de los ahorros ciudadanos y las medidas tomadas en contra de los deudores hipotecarios, apoyando los lineamientos impartidos por una banca mafiosa y enriquecida, pone en juego el futuro soberano de nuestras tierras, es decir 1.200.000 hectáreas de suelo productivo. Mientras es gasto político se sigue llevando la mejor parte de este despropósito dirigencial, plagado de contubernios y enfrentamientos para continuar anexados al poder de una nación con bandera de remate.

El colmo no concluye únicamente con lo que nos pasa umbilicalmente. Miles de protestas populares, de todo el mundo, tratan de confrontar pacíficamente con una guerra inevitable. Sobre este tema quiero dar una escueta visión.

Pocas veces los líderes de la locura marchan al frente en las batallas. Estas circunstancias provocan ingentes consecuencias dado que los indemnes dueños del todo siguen haciéndonos padecer su autoritarismo y vigencia.

El que cree ser el amo del absoluto se piensa mesías entre mesiánicos, el ineluctable de los más fuertes, el más expedito entre los sabios y el dictador que utiliza el honor de las víctimas de la paz, deponiendo criterios y normas humanísticas que no conoce, para diagramar un exterminio que lo sitúe como el principal paradigma de la crueldad y de la destrucción.

Todo parece potenciarse en un universo que hostiliza la inteligencia individual, dando paso al testimonio global que solamente favorece a grupos de poder alineados a intereses comunes y esclavizantes que bregan por hacer desaparecer, ya sea en estado de paz o guerra, a la mitad ecuménica más pobre o segregada.

Es evidente que se ha perdido la facultad de distinguir entre actos y promesas, dado que ambos tienen origen en la falacia estratégica, suficiente soporte para actuar de trampolín y así permitir que un grupo de irresponsables manejen el destino de un mañana carente de justicia y equidad. A esta filosofía se ha incorporado, una vez más, nuestra dirigencia política, enviando personal “idóneo” a las filas combatientes estadounidenses.

Es probable que cuando debamos emitir el sufragio, parte del mundo se haya devastado, habiéndose reimplantado un nuevo mapa geopolítico fragmentado, generador de nuevos odios y venganzas postergados.

El poder de la riqueza pretenderá aumentar los arcas anglosajonas, pero como la historia confirma, no será indefinidamente.

Mientras los aires contaminados dan la vuelta al mundo, un nuevo régimen “democrático” se instaurará en Argentina, para realizar la exacción de lo poco que nos queda, blandiendo y venerando símbolos sustraídos de un pasado populista sin vigencia. Y seremos más serviles y dependientes de las medidas tomadas por el gran país del norte, que apretará aún más el cerrojo de las cadenas que nos asfixian y que ya no volverán a ser las que, alguna vez, supimos oír romper.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583