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Ensayos y política - 02 de Septiembre de 2011

Un mundo sin Candela

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Ha fracasado la economía de mercado. La macroeconomía se ha transformado en la mayor falacia de los cultores charlatanes que durante decenios nos han vendido un mundo de postergaciones, aliados al bienestar de las potencias que regían el primer mundo. Ya las hipotecas son parte de un anecdotario y los paquetes accionarios una dialéctica de papeles sin sustento a largo plazo. La prosapia monetarista es un conjunto de incertidumbres cortoplacistas, que no logran subyugar a aquellos inversores que tratan de mantenerse indemnes en el descalabro competitivo. Los comódities son una variable circunstancial que tienden a sucumbir en el ahorro consumista, donde el mal menor será ahorrar en alimentos y en productos tecnológicos, a pesar que el boom actual nos manifieste que el camino resulta vasto y tentador. Los pórticos del imperio se están cerrando y, al igual que sus planes, están feneciendo, junto a la banca mundial que trata de generar préstamos insensatos que no consiguen equilibrar los recursos de aquellas naciones que se encuentran debajo de sus déficit. El internuncio que los testimonios discursivos generan, son propensos a fenecer en un breve lapso temporal, donde la historia y la ciencia económica no alcanza para promover ajustes de larga duración, propiciando la integridad de un devenir que pronuncie – aseveradamente – el bienestar de aquellos que manejaron el mundo a modo de acotado feudo. La idea expansionista tendrá su ejercicio en los próximos diez años. China lo está desarrollando con éxito en las últimas dos décadas, proyectando un manifiesto corporativo, adueñándose de grandes extensiones territoriales, generando devastaciones regionales, con el propósito de poder mantener su sistema mixto, promoviendo inversiones ajustadas a la mano de obra barata de sus emigrantes.  

Mientras escribo este ensayo, acabo de escuchar que Candela Sol Rodríguez fue encontrada en una bolsa de residuos, asesinada. Entonces, mi emotividad instaura costumbristas controversias, ligadas – en ambos casos – a lo establecido por la ley del dinero. Y, existen once años desaparecidos de mi visión ligada a una forma de sensibilidad evolutiva, dispuesta a gritar las miserias que competen a todos nosotros, callados cobardes que respiramos cuando los designios no nos tocan, amén de los rezos en templos lucrativos que aleluyan inméritos placebos. Y, me pregunto sobre el devenir de una existencia ecuménica, abrevando la ausencia de tantos inocentes que perdemos a diario por hambre, por pedofilia, por ajuste de cuentas, por planes políticos, por insensatas guerras.  

Mis palabras se acortan en el teclado, cansadas por esta niñez sanguínea derramada.

Disculpen este abrupto corte ensayista. No vale la pena – por ahora – proseguir con mutaciones que continuarán prodigándose a pesar de vanos estados de consciencia.

"Le presentaban también los niños pequeños para que los tocara, y al verlo los discípulos, les reñían. Más Jesús llamó a los niños, diciendo: «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios".  -Lucas 18,15-16, Mateo 19,14 -.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583