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Poemas y visiones - 17 de Diciembre de 2009

La gula

La-gula
¿Sabes?, los demás creen conocerme de acuerdo a mis procederes medidos y conforme a mis moderadas palabras. Hasta llegan a suponer que soy un lacónico ser imperturbable.

Sin embargo, nadie podría intuir quien soy cuando estoy contigo.

Cuando mis inapetencias se transforman en infinita gula, y en ese delicioso desorden que me desborda de ansias angustiantes, que exigen devorarte toda.

De cada ranura palpitante extraigo esa viscosidad surgente que se deposita incontenible en el seno de mi lengua inquisidora. Entonces, me convierto en esa transitoria jeringa, que transfunde tus humores a mis cobijantes entrañas, que sólo atienden tus excrecencias vulvares por medio del obsesivo manifiesto de mi gula.

Recorro lentamente la redondez de cada uno de tus montes, hasta encontrarme con sus centros encrespados, perpetuando el placer compulsivo de tus muslos cabalgantes. Y aún así me contengo, frente a la necesidad de ser tu jinete indivisible.

Tus lunas rebosantes son eclipsadas por el abierto contorno de mi boca, dispuesta a tragar como un grito, la dimensión de tus pechos complacientes.

Mientras, observo que los dedos de tus manos y de tus pies, al igual que tus caderas, juegan con el ritmo natural de tus siniestras ansiedades, hasta el punto de consustanciarse en un todo frenesí, amorfo e ilimitado.

Y vuelvo a redescubrirte, en medio de esa jalea de fresas, conteniendo los pétalos de esas rosas obsequiadas, diseminadas en tus sábanas de enlace, y en esos edredones, atrapados por tu cintura reptiforme.

Toda mi boca, con cada una de sus partes, te someten al suplicio del estigma consagrado al placer de nuestro cuerpo, sin horas ni segundos.

Esto hace a mi compleja intención de engullirte, poco a poco, recorriendo tus espacios, como si siempre se tratara de la primera vez que descubriera tus horizontes abiertos.

Es como un símbolo de cruces que se alimentan de la oración de este rito secreto y compartido.

Es el oráculo de dos dioses que complacen sus caprichos creativos y profundos, y que no puede ser comprendido por los sabios costumbristas.

Mi gula es insaciable, como el llanto placentero de tus ojos, que cae por el contorno de tus enrojecidas mejillas, esperando ser devorado por mi apetencia.

Tú eres el sentido del saberme.

Tú eres el irrenunciable amor que inventa las fantasías.

Tuyas...mías...como siempre...como nunca.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583