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Poemas y visiones - 27 de Septiembre de 2011

Palabras

Palabras
La existencia está llena de expresiones sensibleras que allanan, a través del mero consumismo, la profundidad de lo que cada una representa. Pero sería un simulador en no reconocer a aquellas palabras mencionadas, fuera del sentimiento auténtico, y de las que me hago cargo. ¿Cuáles son estas palabras que con tanta facilidad manifestamos todos los días, de uso inveterado y que no se albergan en el interior de nuestras almas? Amigo, es una de ellas. Hermoso fonema insustancial que cubre ciertos espacios de nuestros diálogos convergentes y que van perdiendo ingrávido sentido, cuando la nimiedad de la sinrazón nos transforma en sagaces descalificadores, tratando de sostener alguna postura contraria o egoísta, como si fuéramos los dueños absolutos de la verdad, propiciando el descontrol de la verborragia, mancillando al interlocutor y que por medio de pusilánimes conceptos subjetivos no medimos el posible margen del error. Dar rienda suelta a la abyecta infidencia es una de las formas más insidiosas que conllevan al agravio de ese ser que está fuera del enfoque, por desconocimiento de lo que viene gestándose detrás de sus espaldas.
Amor, es otra palabra muy utilizada, que solamente requiere del ejercicio de lo que calculadoramente aspiramos, como si el máximo usufructo se hubiera canonizado con su sola mención. El aprendizaje y ejercicio del amor es un arduo perfeccionamiento individual, en soledad reflexiva, y en un pleno estado de conciencia que nos sumerja en ese estadio de gratuidad, donde la vocación de servicio, sin reclamaciones, nos suministre el crecimiento que lleva inexorablemente a enaltecer la vida. Muchas lechos  se han nutrido del te amo. Pero, hasta la culminación del éxtasis. Infinidad de ocasiones repetimos como autómatas las palabras de Cristo: Ama a tu prójimo como a ti mismo. Sin embargo, nos es difícil entregar amor, involucrándonos en la notoriedad de falaces sentimientos que ocultan avaricias y fracasos.
Deseo, es otra terminología muy empleada en estos días, que solamente sacia un insuficiente consumismo, como si las personas fueran objetos adquiribles a bajo costo y en donde la sensación del desarraigo establece cotos sufrientes y solitarios, disfrazados de confort, renuencia y autoengaño.
Semejante ¡Qué hermosa palabra! Es la más concurrente en la variable de la hipocresía. Todas las frases llenas de retórica, que formen parte de su analogía, están carentes de internalización emocional. La perfidia, la envidia, la deshumanizadora competencia, se convierten en cascadas escatológicas solapadas, que van minando las posibilidades de los que aspiran ocupar un lugar en este universo leal y criterioso.

Palabras. Minúsculas palabras que empapelan el sendero del purgatorio y que serán olvidadas como epitafios, en tumbas abandonadas.    
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583