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Cuentos - 12 de Diciembre de 2006

Dulces sueños

Dulces-sueños
Dimitri Limborov y Ernest F. Williams, obtuvieron, por fin, lo que tanto habían anhelado. El gobierno les concedió una cifra millonaria, para que pudieran continuar con aquella investigación abordada durante el último lustro, quedando inconclusa por falta de presupuesto.


Respetando la condición de Secreto de Estado, cláusula fundamental para el desarrollo científico de esta teoría, ambos doctores fueron trasladados a un laboratorio de máxima seguridad, con la finalidad de concluir su fase experimental.


Dimitri - químico de relieve mundial - y Ernest - biólogo y psiquiatra de idéntico reconocimiento -, estaban abocados en conseguir la manipulación de los sueños, partiendo de los estudios realizados por el Dr. Charcot-Wilbrand, quien descubrió, en 1880, que ciertos daños cerebrales provocaban el síndrome de anulación onírica. Sabiendo que el sueño está directamente vinculado a la zona neuronal encargada de las emociones, sentimientos y memorias ópticas, profundizaron los estudios del doctor Claudio Bassetti, perteneciente al Departamento de Neurología de la Universidad Hospital de Zurich, quien había confirmado la relación de los sueños con la parte posterior de la corteza cerebral.


Luego de intensos experimentos ejecutados en simios, Dimitri y Ernest descubrieron que una vez suministrada la droga, estos caían en estado de sueño profundo, y que al despertarse, los efectos colaterales provocaban un profundo stress, seguido de largos períodos de vigilia. Cuando los cuadrumanos dormían, la lectura de las ondas cerebrales mostraba grandes alteraciones, permitiéndole al grupo de científicos saber que estaban cerca de terminar su comprobación.


Los componentes químicos de esta droga anteogénica, habían sido extraídos de bejucos de Banisteriopsis caapi, más conocido como ayahuasca, y de la adulteración de algunos psicotrópicos, cuya combinación inducía a programar una pesadilla, de igual argumento en todos los casos, y condicionada a las estructuras del recuerdo, sin transgredir los recursos culturales y ambientales del ser elegido para el experimento.


La prueba ya se había principiado a ejecutar en seres humanos, con enfermedades terminales, haciéndoles creer que el nuevo medicamento podía darles la posibilidad de mejorar sus perspectivas de vida. Fueron traídos pacientes de todo el mundo, con la finalidad de confirmar que los sueños eran idénticos, sin distinción ni raza.


El argumento onírico consistía en un escarnio pacientemente realizado, logrando que la víctima percibiera un dolor intenso y de modo real, neutralizando la voluntad de despertarse, activando la función de la memoria, sin permitirle llegar al olvido una vez recuperada la conciencia.


Los enfermos comenzaron a negarse la posibilidad del descanso. El terror provocó insomnios prolongados que finalmente ocasionaban el deceso o el suicidio.


La ciencia había conseguido su objetivo. Las nuevas conflagraciones y el control demográfico ya gozaban de un pacífico recurso.


El laboratorio, comenzó a fabricar el nuevo producto, capaz de generar estimables soluciones.


Muchos años le reportará a la humanidad descubrir las consecuencias de esta fórmula, internacionalmente aprobada y aplicada de manera conveniente, aunque sea demasiado tarde.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583