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Cuentos - 10 de Marzo de 2003

El rey globo

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Había que elegir un país rico; con gente de temperamento pacífico y resignado; con una clase política fácil de corromper; con escasos recursos como estado y mal visto por los países vecinos de influencia; plagado de acontecimientos históricos recientes que combinaran la traición, el escaso sentido de libertad, la falta de equidad entre sus habitantes y tendiente a la desaparición de toda raigambre telúrica. Todo esto para facilitar el enriquecimiento de la clase dirigente a cambio de bienes que incrementaran los intereses, por medio de préstamos espurios y afincamiento de socios que contribuyeran a la total expoliación de las profusas riquezas.


Había que elegir un país de estas características, en donde la justicia funcionara a favor de los privilegiados y poderosos, y que promulgara normas jurídicas en contra de los más necesitados. Una justicia que condenara a cualquier incauto, pero que al mismo tiempo absolviera, por obediencia debida, punto final o indulto, a personas que cometieron crímenes de lesa humanidad, sin importar de que lado estuvieran colocados, cumpliendo órdenes o planeamientos específicos.


Había que elegir un país promisorio pero destruido como nación a través de políticas entreguistas, para favorecer a los requerimientos del tirano universal, llamado globo, para anexar a su poder un nuevo territorio que le permitiera extender su comarca dominante, y que permanecía anegada por un papel verde, que vivía produciendo víctimas y adeptos.


Esta meditada resolución nació a partir de 1956, cuando comenzó a ejercer pacientes condicionamientos, infectando las venas de ese país con acuerdos aceptados por los lacayos de turno.


Hoy, ciento sesenta mil millones de bacterias devastadoras, han permitido que la enfermedad, de ese otrora cuerpo rico, lo tenga a su merced, monitoreando la exigua salud de una tierra casi exánime.


El tirano universal, llamado globo, está a sus anchas contemplando el exterminio de miles de pobres por medio de aquellos que siguen sus reglas y lineamientos perentorios, esperando dar el zarpazo final que llevará a la total destrucción del sentimiento de patria, permitiéndole, a sus socios acomodados, colocar el estandarte del globo tricolor, como testimonio de la bienvenida, que representa, el plan de una muerte anticipada, donde los restos de nuevos sacrificios provocarán el advenimiento de un osario común con bandera de remate.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583