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Breves historias de vida - 04 de Octubre de 2009

De Carlos a Mercedes

De-Carlos-a-Mercedes
Caminando por Colmena te vi, allá, por 1974 en tierras peruanas, dialogando sobre cada paso con el Negro Nicomedes Santa Cruz. En asombro, dejé llegar mis saludos y, tu austero agradecimiento de mirar profundo me preguntó: ¿Qué haces por estas tierras?
Y le conté brevemente mi aventura. Me entregaste dos plateas, pidiendo que te fuera a ver al Teatro Municipal de Lima. Esos dos días proporcionaron la intensa visión del somos, sobre la vertiente dolorosa del telúrico anhelo compartido. Las charlas convidaron nuestras dos cenas, junto al gran Mulato anfitrión y conductor de "América canta y baila" en radio América, dejando divagar aquellos soliloquios que transitaban la condición de distintas luchas de igual diseño.

La noche del convite iluminó tu rostro delante de un telón de tela negra, sentada con tu bombo y al lado del excelente guitarrista. El colmado lugar, abarrotando espectadores sobre butacas y escalones, respiraba a azucena tucumana…….silencioso recinto que parecía abandonado por el bullicio singular de cualquier concierto. Daniel Toro y Ariel Petrocelli fundamentaron el tema final que hace a la raigambre de la potestad de sueños que propician el éxodo: "Cuándo tenga la tierra".
Y acompañamos, superando la voluntad ignorante del tirano cancerbero que fenece en todo canto, prodigando alma y eviternos latidos. Como lo son hoy.

Cuando los tiempos democráticos nos devolvieron a nuestro terruño, te encontré en Exedra – una confitería sita en Carlos Pellegrini y Córdoba -. Me acerqué a tu mesa, que  compartías con tu nuevo guitarrista. Te pregunté – la molesto un segundo?, y me respondiste –Siéntate hijito. E inmediatamente salió de tu clave sonora - ¿Qué es de mi querido Nicomedes? Jamás pude pensar que te acordarías. Dos noches son escaso tiempo, comparado con el recorrido artístico y vivífico de tal intenso personaje, pensé. Pero, ahí me di cuenta de su persona y de su espíritu. De esa memoria infatigable que atraviesa la nimiedad de cada instante de vida. Respondí – Se fue a vivir a España con su mujer. Luego, de la cálida charla, aún sigo rememorando en abrazo de sus fuertes manos.

Por eso, y por tantas resurrecciones sonoras te confieso: "Si don Carlos no eligió una mujer para compartir el Olimpo de los ídolos, es porque te estaba esperando".

Mandale saludos de mi parte. Nos estamos viendo, en cualquier momento.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583