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Poemas y visiones - 10 de Diciembre de 2006

Viviendo tu vida

Viviendo-tu-vida
Hoy vuelvo a escribirte. O mejor dicho, hoy evoco festivo este trigésimo aniversario de ausencia. Tú, transitando la esperanza de la vida. Yo, caminando los recuerdos de la espera.

Hubieron dos candados encadenados que unieron nuestra existencia. Y solamente una llave que permitía la libertad de uno de nosotros.

Así fue que desde aquel día en que escuchaba "I'll be back", por Los Beatles, me he convertido en el cancerbero de mi celda solitaria, y en la sombra invisible que te piensa.

Mientras Amstrong ponía los pies sobre aquella testigo instigadora, tú te echabas a volar, cubriendo con tus alas el infinito mundo de nuevas expectativas; creativas, auspiciosas, pletóricas de sendas renovadas, al tiempo que mi alma se desangraba en tu mano liberada.

Bajo los acordes de "Mi dulce Señor", de George Harrison, tuviste tu primer hijo varón. Me sentí inspiradamente feliz, pensando que aquella ternura con la que atrapaste mi levantisco ser, se multiplicaría infinitamente en el fruto de tu fecunda siembra. Hasta compartí el anhelo de mi paternidad ausente y silenciosa, presintiendo el manifiesto de tu dicha.

A medida que la Triple A iba aniquilando las utopías de nuestra adolescencia, yo seguía poblando con horas de tu ser a mi pensamiento.

Mientras Sergio Denis me confirmaba que "De ti me enamoré sin darme cuenta", se produjo el advenimiento de tu hija. Ese ser que fuera el protagonista sensible y ansiado de nuestras desveladas madrugadas.

Es curioso. Te hablo como si estuvieras a mi lado. Como siempre...

Y, al final, termino guardando estas diarias palabras en un sobre que deposito en mi cajón cerrado con tu candado y con tu llave. ¿Recuerdas?

Durante 27 años adorné mi repisa de obsequios en conmemoración al Día del Niño. Ese hijo tuyo y ausentemente mío de caricias y de mi sangre.

También conservo las 25 muñecas de tu hija, que intuyo tan rebelde como nuestro infructuoso deseo de futuro, cuando la contracultura de los '60 nos alentaba con sexo libre, amor y droga.

Ayer pude contemplar a tu hija junto a tu nieto sostenido por sus brazos. Y al tiempo que cruzábamos la calle hacia opuestos lados y destinos, sentí que mi mente se fracturaba en mil trozos atempóricos de recuerdos disgregados. Como si una valiosa gema se hubiera partido en innumerables esquirlas dolientes. Cada una de ellas perforó cruelmente la visión de estos 30 años, transformando en sombras espectrales a ese horizonte que atesoraba tus pasos.

Me fui diluyendo, poco a poco, en cada decisión tuya que nunca pude compartir desde mi escondite.

Tu elección de amor definitivo. La felicidad de tus hijos. La trascendencia heredada de tu nieto, viendo que cada logro tuyo se iba contrastando con la herrumbre de mi candado sin llave, desterrando al mundo que se vive de prestado, por medio de la simbiosis de ese halo, que dejó impregnado en mi celda, el recuerdo de lo incompartido.

Sin embargo, me cuesta concluir con el ritual que generó tu ausencia, dado que mi alma quedó detenida en el estigma que propició tu vida. Y mientras escucho a Luis Miguel en "Soy yo", mi mente dice que debo emprender mi olvidable retirada. Aunque mi corazón te dice "hasta mañana".
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583