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Poemas y visiones - 17 de Diciembre de 2009

El amor

El-amor
El amor es como un perfume extractado de las vertientes inmarcesibles que se alojan en las intransitables playas, en las inaccesibles cumbres, en los profundos abismos de los océanos, y en los impenetrables páramos, donde habitan los duendes de las travesuras.

El amor es el cristalino testimonio de la mutua complicidad, que hace que las almas se sujeten de a dos, sin permitir que la resaca de las vivencias costumbristas mancillen ese mágico encanto que sólo pueden abordar los exquisitos.

Muchos han escrito y dado conferencias sobre el amor. Todos han expresado testimonios y retóricas palabras valederas, pero ninguno ha acertado en lo que se refiere al encantamiento que se produce en cada uno de los individuos.

Tal vez por eso se ha escrito y dicho tanto, pero a mí me sucede una pizca de cada cosa definida, y aún más.

Y ese “aún más” es un testimonio exclusivo y original que no redunda en ninguna de todas esas palabras mencionadas, dado que muchas de ellas han quedado fuera de nuestro contexto unificado.

El amor es una experiencia irrepetible. Es una huella digital compartida. Es un universo primigenio que ocupa un solo lugar de tiempo, espacio y distancia.

No puede ser desplazado por nada debido a que ninguna cosa puede alterar el génesis de esa pertenencia.

El amor no es susceptible a mutaciones ni a clonaciones. Es una historia indeleble en el plano del infinito. Es el compás inventado por dos corazones que no puede emularse. No precisa de brújula ni de la estrella de los vientos. No se retroalimenta con circunstancias nocivas; y sólo la naturaleza ofrece el medio para vivificar la expresión de lo inconmensurable.

Dios nos legó este único bien para salir incólumes de cualquier batalla. En él se encuentra la total sabiduría y el sentido de grandeza sin mensuras.

El amor no puede medirse. Solamente entregarse. Porque es lo único que gratifica nuestro dar, sin pedir reciprocidad.

Está exento de valores pecuniarios; de confort; de condición social; de eruditismo y de razonamientos llamados “inteligentes”.

El amor no determina un valor de vida, sino que nos garantiza la mayor facultad de nuestra alma.

El que vive sin intentar entregar “amor”, es un paria de recuerdos, un conjunto de huesos con efímeros proyectos, una lápida en una tumba abandonada.

Si alguna vez alguien perdiera su amor en el camino de su existencia, busque en su adentro el sentido de su esencia, para que le permita acrecentar su horizonte de sueños.

Seguramente, allí encontrará el motivo de su consigna, y así poder eslabonarse, una vez más, al verdadero argumento de su vida.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583