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Ensayos y política - 01 de Enero de 2004

Invidencia

Invidencia
Otro contubernio se ha consumado en nombre de la democracia. Un nuevo dictamen fue pronunciado por los custodiados invidentes del senado, pasándose por el “crepúsculo” el informe de la comisión de asuntos constitucionales, mancillando una vez más, a manera de matonería parlamentaria, la voluntad ciudadana.

La lista de esta clase de hechos acaecidos se torna insoportable si nos atrevemos a recordar las coimas del senado; el acuerdo justicialista que evitó el juicio a esta lamentable corte suprema de justicia que debemos padecer; los diputados “truchos” que permitieran conseguir una mayoría necesaria para continuar votando leyes en contra del bien común; los negociados acordados con lobystas de todo tipo y que han llevado a nuestra nación a vivir circunstancias infamantes en contra de la mayoría, desmantelando definitivamente la cosa pública.

Esta elite de corrupción permite que el pacto de Olivos siga su curso. El despropósito nos permite vislumbrar un horizonte escaso de oportunidades, en donde la egestad ha instaurado sus garras definitivamente en el esmirriado cuerpo del pueblo, logrando el escarnio de la dignidad.

El tríptico dramático está conformado por jinetes apocalípticos aspirantes al poder, valiéndose de las mismas formas de conductas que transmitieron desde sus escaños bicamerales o bien a través de sus gobernaciones nacionales o provinciales. Mientras, el cuarto cabalga en oriente tratando de conseguir su mejor perfomance histórica.

Pareciera que el destino fraudulento es el recorrido a seguir por quienes tratan de convencernos con un discurso obtenido de algún redactor que oficia de alcahuete, con inspiración cavernícola e inquisidora, promoviendo a los mismos salvadores de la patria o de una tierra que buscan a rajatabla expropiarse de ese resto de grandeza que aún tenemos.

Tal vez, en nuestro país, estemos en presencia de una utópica parábola. Un ayer que consiste en el cajón quemado que decidió una elección y un hoy de urnas quemadas que sostienen un cajón con olor a la misma retrógrada política del fracaso.

Lo atinado sería que el criterio y el castigo comicial se correspondiera, aunque poco de lo bueno se vislumbre en el camino. Pero esa esperanza inteligente e integradora está muy lejos de nuestro destino. Eso creo.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583