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Cuentos - 11 de Marzo de 2003

Un clásico de todos los tiempos

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Corría un mes de Septiembre de algún año del siglo XXI. La tarde estaba nublada, pero aun así podía verse escapar de entre las nubes esporádicos resplandores. El ambiente bullicioso desplegaba hacia las alturas una extraña inquietud, alimentada por variados cantos y banderas de colores. Alguna que otra bengala serpenteante huía despavorida hasta imprevistas márgenes. La multitud se agolpaba en los accesos y un grupo de cuerpos azules trataban de poner orden al desborde de la pasión.


Mientras tanto, la "fiera" hablaba con sus amigos con los que solía encontrarse para presenciar aquel evento que fue, es y será el mayor de todos los tiempos.


- Don Ángel, ¿qué pasa que hoy lo noto algo nervioso? - preguntó la "fiera".


- Ché, no me llamés "don ángel". ¿No te acordás que fui yo el que te admiraba y hasta te pedí una foto autografiada para colocarla en la vidriera del negocio de mi viejo?. Lo que sucede es que estos enfrentamientos siempre me pusieron nervioso - contestó Labruna.


- Sí, es cierto - aseveró Peucelle. A mí me ocurría lo mismo y no sólo como jugador, sino también cuando estando junto a Renato debíamos realizar algún cambio estratégico para evitar que las cosas se pusieran más fuleras. ¿Te acordás, Adolfo, el día que le insistí a Cesarini para que te hiciera debutar?.


- ¡Cómo no me voy a acordar! - respondió Pedernera. - Pensar que todo se lo debo a mi amigo Lalo Correa que me hinchó para que lo acompañara a probarse en River. Y bueno, ya que estaba aproveché la ocasión.


- Lástima que yo no pude integrar la famosa máquina de los '50, se lamentaba Ferreira.


- Vos no te quejés. -dijo Carlos-, que gracias a vos y a mí hoy a nuestro equipo lo llaman los "Millonarios"


Y mientras Ángel le preguntaba a Adolfo a quién pensaba alentar esa tarde, se fueron todos caminando abrazados hacia aquella nube que se había posado sobre la tribuna "Centenario", extrayendo de sus bolsillos el máximo tributo conseguido.


Labruna contó 292, Bernabé Ferreira l87, Peucelle 113 y Perdenera 130, totalizando 722 gritos de una misma hinchada, que anestesiaron el silencio del recuerdo.


Y a medida que se alejaban hacia el palco de las leyendas, viejos amigos contendientes se agregaban a la caravana. Entre ellos pude reconocer a "Machete" Benitez Cáceres, a Mario Evaristo haciendo su marianela, a "Cabecita" Cherro, al "Diamante Negro" Da Guía, a "Perico" Marante. Y mientras el pibe Funes corría con el corazón en la mano, para recoger la boina que se le había caído a Severino, el "Atómico Boyé" preguntaba: - Che ¿no juega ese fenómeno de Maradona?.






"Dedicado al loco de la Corbata que se ahorcó en sus pulmones"
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2024 | Textos disponibles en el sitio: 594