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Poemas y visiones - 24 de Diciembre de 2005

Felices Fiestas

Felices-Fiestas
En qué laberinto decantan las palabras, cuando Felices Fiestas es un mero simulacro.

Muchas veces, dicho por aquellos que ni siquiera conocemos, a modo de propuesta de augurio consumista. ¿Qué franqueza existe en quienes apenas recordamos, sin interpretar el abismo que separa? ¿Será la buenaventura un estado de conciencia, que esgrimimos sin interpretar la razón de la palabra?

¿Qué Fiesta se torna feliz cuando el hambre grita su constancia? ¿En qué bomba transita la incertidumbre en un mañana fatuo de continuidad, arrasando oportunidad y vida en los restos del ignoto?

Felices Fiestas, una frase que obvia realidades, falaz proclama de olvido nazareno, augurando un virtual mundo entre hermanos, negando su tersa mejilla, por otra castigada,  simulando hipocresía. El mundo alberga su destierro, pintado en pesebre escaparate, colmando de alimentos exageradas bolsas, de lo que carece el hogar del semejante. Existe un gélido viento arrasando las venas del estío, cuando el pan dulce no llama al olvido de la puerta.

La iglesia celebrará en campanario, al hijo pobre de espléndido boato, mientras sangra su frente en el calvario y sobre pies clavados reposa la alcancía, para que creyentes de peculio ruego, mendiguen el cambio murmureo. Al tiempo que la moneda sigue un curso de esperanza, el Papa ofrecerá misa en Vaticano, ante millones de televidentes feligreses, mientras el púlpito celestial contempla la morada, de mismos y continuos mercaderes.

 
A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: “Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.

Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. No proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento. Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quien en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis. Y al entrar en la casa, saludadla. Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros. Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.

De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad”.

 

San Mateo Capítulo 10 versículos del 5º al 15º
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583