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Poemas y visiones - 25 de Febrero de 2007

Lágrimas negras

Lágrimas-negras
Llegaste a mi rechazo presagiando soledades compartidas, instaurando tu fe de atuendos sobre bártulos ajenos de cosecha, donde la almarada se asociaba a tus despojos y resentimientos fijados en secreto concilio. La mentira emanaba caridad y ausencia, mientras desvestía mi alma dosificando penas de ramilletes inconsultos, sobre el discorde manantial de acero.
Confundiendo luces de esperanza con fugaces pasados mancillados, retomamos la senda del abismo, en sujeción de radiante anhelo postergado. Tal vez, merecido entre edeniano amparo que cobija el origen del ser y su cavidad de epiceyo impostergable. Epicúreo esbozo de un sofisma que no late al compás del drama.
Sólo una breve ventisca inundó de albores nuestra acera, condenada al infinible destierro como manos que no llegan a tocarse por temor de contagiar el estigma del fracaso.
La nube llovió soledades compartidas en un basalto de ilusiones truncas, fabricadas de antemano por los escribas que signaron nuestra alma en un papiro fugaz a nuestro paso.
Y aún tu teléfono devuelve tu mensurada voz sobre el hartazgo, por medio de frases complacientes como fraguas sobre hielos y pantanos. La negra lágrima se congratula avizorando sombras de madrugadas sin aliento, alentando utopías y falacias en su cascada carente de argumento. Es costumbre de cama solitaria la que acude al dilema incongruente, entre opilativo parecer inmoto, como llama que arde inútilmente.
Desprendido ya de tu inmanencia, la lenidad es adrolla de loquesco sobre plasma que me habla de resuellos sucumbidos en piel agotada de mañana.
Será otra dermis la que anide los sentidos, esa ración que conoces de antemano para velar el calvario de saberte dueña de otro espectro condenado.
Cuando el olvido vista de pantalla la sangre renacida en otra arteria, la misma que cansó de insuave espera la magnitud soslayada en mar bravío, será fugaz la razón de otro haber sido, bajo el columpio que desplaza la condena.
Por no comprender hogar, el techo ahogó tus lamentos, resonando la palabra de quien se limita a huérfano.

Estoy aquí, pedigüeño de silencio, para renunciar al nictálope extravío.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583