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Cuentos - 24 de Junio de 2003

Las dos semanas de vacaciones de Vampy

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Agosto-Septiembre de 1999



"VAMPY" había nacido en un lúgubre castillo de Transilvania, siendo el único heredero del conde. El parto fue regocijante y apetitoso, dado que la sanguinolenta placenta que envolvía su cuerpo, fue ferozmente fagocitada por sus seres queridos.


A medida que fue creciendo iba contemplando toda esa miscelánea que formaba parte de su palaciego sitio natal. Entre todos aquellos lugares transitados, el amplio comedor era su sitio preferido. Alrededor de la mesa donde solía comer con sus progenitores, se encontraban personas empaladas y agonizantes, lo que justificaba la cara "enculada" de su padre. En los momentos de esparcimiento se encerraba en la biblioteca a leer libros forrados con piel humana, deteniéndose siempre en la lectura de su texto preferido, que trataba acerca de un país de ensueño llamado Argentina.


De acuerdo con ese libro incunable, el arca de Naón no se encontraba en el monte Ararat, sino en los territorios australes de la América del Sur, ricos en recursos naturales.


Dios, según este texto, le dio a Naón y a su esposa María Julia, el poder del líquido por medio del Instituto Nacional de Aguas, que les sirviera para provocar el diluvio universal y así apagar el fuego de las zonas boscosas de aquel sitio de ultramar.


Cuando adquirió la mayoría de edad, "VAMPY" habló con su padre, el conde, manifestándole su interés en viajar a ese país sobre el que tanto había leído. El conde, que era socio fundador del F.M.I., cuyas siglas significan "feroces mordedores internacionales", le advirtió que no valía la pena, dado que a esa nación se le había sustraído casi toda la sangre. Pero esto no amilanó a su hijo, quien preparando su mejor ataúd y en una línea naviera cuyas acciones pertenecen al Vaticano, emprendió su ansiado viaje.


Una vez que el barco atracó en la dársena del puerto de Buenos Aires, un inspector de aduana le exigió una coima para poder pasar el cajón.


Luego de dejar su pesado equipaje en un hotel de cinco estrellas de renombre internacional y fruto del lavado de dinero, se dispuso para ir a "picar" algo debido a que hacía muchos días que no se había alimentado por medio de algún cuello tentador.


Con la intención de pasar inadvertido, se transformó en vampiro y salió a volar por el Aeroparque. En eso estaba cuando un avión que trataba de despegar, comenzó a derrapar hasta estrellarse.


Altas lenguas de fuego le chamuscaron sus afiladas orejas y mientras lanzaba el más duro de sus insultos aprendidos, huyó despavorido hacia la arboleda más cercana. A sabiendas que su memoria mezclaba la secuencia de los acontecimientos ocurridos, mientras trataba de calmar la agitación de su pecho, observó que un bólido de metal se tragaba a otro por detrás, ocasionando un nuevo incendio.


Escapando más aceleradamente, ingresó a un sitio que aparentaba ser un restaurante, pero cuando comenzó a transitarlo para escoger a una víctima que lo calmara, comprendió que estaba en medio de un casino clandestino. Vio a una sugestiva señorita que lo atrajo a su convite y, abalanzándose sobre uno de sus pechos, le infligió una violenta mordedura. El seno recubierto de silicona explotó y su cuerpo de quiróptero fue arrojado a una mesa de ruleta, depositándolo como pleno en el colorado 18. No tuvo suerte, salió el l7.


El rastrillo que retiraba las fallidas apuestas lo golpeó fuertemente, enviándolo a una mesa con tan mala suerte que al caer rompió una bolsita conteniendo un polvo blanco que inundó su rostro con pequeñas partículas. Como quedó más boleado que antes, alguien que lo vio lo tiró a la calle, echándole la culpa a la gente de Soldati.


Un tanto maltrecho y hambriento como nunca, contempló una casa rosada e ingresó a ella con el afán de hallar a alguien que le sirviera de nutriente. Al entrar al despacho que decía “presidencia”, vio a un hombre sentado frente a su escritorio. Una vez que lo hubo mordido, solo pudo succionar un recorte presupuestario de un decreto de necesidad y urgencia privatizado.


Desesperado, penetró en “Cancillería”. El señor que estaba allí, al verlo, lo estampó en la tapa de un libro destinado para “Malvinas”, titulado “VAMPY, la madre de nuestra madre patria”. Casi desfalleciente se repuso, volando con el resto de energía que todavía conservaba, y empezó a morder todo lo que encontraba a su paso. Mordió a un militar represor y fue indultado. Mordió a un general importante y recibió una “balza” repleta de armamentos. Luchando contra un pobre maltrecho que se lo quería comer, pudo reducirlo y morderlo, obteniendo una gran cantidad de glóbulos blancos. Como su hambre se acentuaba más y más, entró al Palacio de Justicia, donde mordió a un juez y consiguió un armario. Mordió a otro y se quedó con un jarrón. Lo intentó con un tercero y casi pierde el invicto en Spartacus.


Como quería “libar ona” gota de sangre, se acercó a un abogado penalista famoso, quien le quiso dar un “Pico” a cambio de un departamento. Se metió asustado en una oficina y se le cayó encima una pila de expedientes que ofrecían carátulas como AMIA y Embajada de Israel. Cuando trataba de escapar de aquel lugar chocó con las “CABEZAS” de algunos periodistas. Tiró dentelladas al aire y fue sobreseído. Se hizo cargo de un montón de atrocidades con el fin de buscar alimento en la cárcel y lo dejaron en libertad.


Exhausto, comenzó a volar sin ton ni son. Pero el destino aún le iba a deparar otra mala pasada. Cuando encontró un banco y lo creyó de sangre, sintió tocar el cielo con las alas; sin embargo, ese banco estaba tomado por delincuentes que tenían como rehenes a unas pocas personas. Y aunque hacía poco tiempo que se encontraba en este país, intuía que algo fuera de toda lógica iba a ocurrir.


Así fue. Luego de la cruenta balacera, quiso aproximarse a los cadáveres de las incomprensibles víctimas, pero un grupo de Halcones habían tomado la parada en Ramallo.


La última vez que lo vieron estaba esperando angustiado un nuevo acto proselitista en la cancha de River, relamiendo el pellejo de una morcilla que una manzanera le regaló como sobrante de su vianda, que decía: “Vote al candidato de la esperanza”.


Su cuerpo exánime fue trasladado a un laboratorio que se encarga de hacer clonaciones.


Se espera que los futuros “VAMPYS” sean aceptados por el F.M.I., con la finalidad de seguir sustrayendo la sangre de los pueblos dominados. Previo acuerdo con los ministros de Economía de turno.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583