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Ensayos y política - 01 de Enero de 2004

Sin piedad

Sin-piedad
El ojo de la aguja observa a los camellos, que entablillaron su cuello para soslayar a ese cielo que no les pertenece. El suelo productivo abre sus privilegiadas fauces, incorporando madera de vida muerta, prodigando hambre y miseria a cambio de rentabilidades que incrementan la desigualdad desesperada, cada vez más pronunciada.

El ejercicio del poder fecunda bolsillos de primera, sustentando mentes tercermundistas, incapaces de conservar el sentido de la especie a la cual pertenecen. Las voces se alzan en conventillo público para consignar el despropósito de ocasionales patrones, tratando de preservar el secular manifiesto, sin importarles corresponder al derecho humanitario. Los treinta denarios pasan de mano en mano, mientras la cruz se aleja del ejemplo indicativo.

El traje de Armani lleva su cuerpo de ausencia metafísica, y el cónclave dictó la merced milenaria, entre boato, negociado y tragedia.

El amor ya no presume de pasado. La cronología se vuelve testimonio repetido y sin salida, de presente empecinado. Cada justiciero es sabio en su ignorancia, pues nadie conoce como él lo que no entiende. Muy pocos han descubierto que la mayor crueldad no está en maltratar al otro, sino en incomprender su semejanza. Esto determina un daño irreversible, dado que la involución de los valores fundamentales descuaja la razón de la justicia, tornando antiética la conducta del paradigma. Es que los señeros conductores han extraviado su conciencia en alguna cuenta bancaria, abultada de estafas y osarios ignorados.

La estampa del perdón se baña en oro y moneda, mientras el silencio del insepulto mandante queda, revestido de orfandad y oración sin templo. Sólo huellas, que devienen de un mundo sin piedad ni esperanza.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583