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Ensayos y política - 01 de Enero de 2004

Superpoderes

Santacruzman (parte 1)
Superpoderes
La muerte viene en varios cortes y ofrece diferentes resultados. Habría que preguntarse ¿Cuánto de nuestra existencia está fuera de alcance? Y es a cambio de distracciones que el vasto mercado nos asigna un número de control en el debe de cada uno, para colaborar con asignaciones de privilegio, dejando a nuestro haber erradicado de cualquier posibilidad promisoria.

La anfibología del poder y mediática nos demuestra pasos de justicia intransitada, irrumpiendo el cogitable manifiesto de la falacia. Si nos pudiéramos a meditar sobre las razones del conductismo que envuelve nuestra historia, confirmaríamos la ausencia de conciencia que ha ejercido gran parte de nuestra dirigencia, obstinada en constituirse jueces y parte de los destinos del famélico soberano. Esta contumacia que se aspira en cada acto de gobierno, pareciera que quienes detentan funciones resolutivas y en pos del bien común, tuvieran una deleción capaz de prodigar nociones de infecunda coutología. El erotismo que prodiga la ostentación de mando se torna inmensurable y desmesurado. Repasando las distintas administraciones, sus acciones y aspectos discursivos nos devuelven una visión patética de indudable semejanza y en detrimento de los que se siguen cayendo al foso de la indignidad. La invectiva como forma de sustentación y la inmoble resultante económica para los que menos tienen, envuelve a los inimicísimos contendientes de la puja por un escaño, que luego se convertirán parte de fructíferos acuerdos, conforme a conveniencia.

La disfunción legislativa; la funcional juridicidad inmanente al poder ejecutivo denostando competencias y reglas constitucionales; la nueva entrega de los superpoderes para reasignar partidas presupuestarias que benefician caracteres personalistas; la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia que confirma la pretensión hegemónica por medio de artilugios direccionales hacia el despotismo a raja tabla; los cambios producidos en el Consejo de la Magistratura que alientan un mayor intervensionismo del Estado para votar jueces que sean funcionales al diseño demagógico del diagrama político; el tratamiento de cambios en el Código Penal para flexibilizar condenas en concordancia con el medio delincuencial que nos azota; el propósito de no eliminar la ley de educación instaurada en 1993 y que va en perjuicio de los educadores y educandos; la falta de implementación de educación sexual en las escuelas, discutiendo si corresponder infirmar o convalidar la reproductividad por medio de vasectomías o ligaduras de trompas; la pinchadura de teléfonos y correos electrónicos a diputados, representantes de medios y el espionaje informático dirigido a las cuentas abiertas en instituciones bancarias; la ausencia de una verdadera política fiscal que contemple la evasión de las empresas más importantes y el despropósito de no investigar el trabajo en negro; dilatar causas judiciales pendientes hasta su prescripción, quedando como único medio acudir a tribunales internacionales, dado que aquí han dejado de existir por sobornos o mera negligencia; la falta de ejecución de un plan antidrogas para bajar el 380% de aumento que se produjo en el consumo, destruyendo a nuestra niñez y juventud – reservorio fundamental que constituye el mañana - dada la connivencia entre mafias, fuerzas de seguridad y espectro político; la infracta posición de exigua epistemología, siendo reemplazada por la corriente feudal del pensamiento, método eficaz para aquellos pocos enriquecidos que se constituyeron políticamente en la nueva clase oligárquica resguardada por jueces convocados para realizar corruptos actos impunes; el irrefutable axioma de los mismos que los torna ínvidos ante el pasaje de la infructuosa espera, pretendiendo alcanzar un lugar de continuismo; la falta de un censo nacional que nos permita verificar la inexactitud de índices estadísticos comprados.

Vivimos el homotropismo del pingüino que solamente cuida los huevos de su hembra, sin importar cognación con el resto de su especie, que yace moribundo por el petróleo derramado de la entrega o enterrado en una mina santacruceña derrumbada. Mientras tanto, la factoría ictiofágica de acero consume el hambre de lo nuestro, igual que la explotación mineral foránea que detenta el latrocinio con mínimos impuestos y espurios acuerdos provinciales gobernables sin disenso.

- Quiero que tengan justicia los muertos – expresan víctimas y familiares de luctuosos acontecimientos, sin saber que la justicia ha sido dada por el arbitrio apátrida de los indiferentes. El inveterado principio regurgita idénticas posturas en un devenir que se vuelve insenescente donde el noúmeno está fuera de todo expediente y presupuesto. Es el tiempo de las obrepciones sujetas al incordio de un pueblo devastado y dueño del síndrome circunscrito en el olvido reiterado y de ese legado rebatido en el hartazgo.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583