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Cuentos - 23 de Enero de 2006

Contando recuerdos

Contando-recuerdos
A veces, la imperfecta percepción de la realidad, nos encuentra en frases, tales como: Te amo como nunca antes; no podría vivir sin ti; no hay nada que pueda arrancarte de mi ser.


De pronto, un container de ropa nueva cae sobre nosotros, logrando que aquella entrañable prenda desaparezca entre tantas novedades. Entonces, pasamos probándonos esos objetos, que escasamente se transforman en sujetos. Y las mismas frases vuelven a repetirse, como si algo mágicamente atemporal hubiera en cada una de ellas. Los sentidos y las emociones alcanzan la exaltación ya conocida, potenciada por el ahora, haciendo que toda la experiencia anterior desprovea su vigencia. Es como sentir que el hoy es para siempre, constituyéndose en un eviterno incuestionable. Sin embargo, cada partícula de nuestros labios también se prodigó en otros besos, de naturaleza soslayada y perdida en el vaho del olvido. La yema de los dedos, escasamente sostienen su memoria, complacidos por el calor del momento presente, volviendo cada capítulo de nuestro libro de vivencias en un cúmulo de páginas ordenadas. Daría la sensación que nada efímero envolviera el sentimiento. Hasta que nos topamos con un fracaso inesperado o bien con el despojo del insoportable hábito. Y sin quererlo conscientemente, comenzamos a desatar el fardo de aquella ropa que se nos precipitó encima, y aparece, casi imperceptiblemente, esa prenda anterior al sugestivo container, algo ajada por los años de asfaltada capa, que sometió la renovada circunstancia. Y un átomo de luz se instala en nuestros ojos, adoptando la aptitud de la extrañeza.


Será por esto que la vida trasciende en su misterio, aún truncada de nimias referencias.


Si me volcara en honesta narrativa, un centenar de horas bastarían para contar mi historia. Algunas anécdotas y recurrentes alegrías, bastantes frustraciones de exprimidos dolores y ciertos recuerdos vagos de tiempo aproximado, dónde la secuencia se ausenta del camino. Lo demás es un plasma de sombras, hábitat preferido de indescifrables fantasmas, jugando a párpado cerrado, igual que la búsqueda del sueño en la renuente vigilia, transitando el conforme diseño y ese futuro de dudoso cumplimiento. El arrogante verdor que la oscuridad ofrece, sujeta todo aquello que el amanecer mayormente disuelve. Sólo queda el trasegado arenal del continuismo, sugiriendo una mejor rutina escalonada. Y aunque hagamos las maletas del latido que promete, el tiempo devorará su exaltación volviéndolo pasado. Unos minúsculos instantes agregaremos a ese trayecto existencial, acortando su destino irreversible y que espera inexorable en el sórdido vacío.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583