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Ensayos y política - 01 de Enero de 2004

Vacío Legal

Prohibida su lectura a menores de 18 aos.
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*advertencia: los nombres y lugares que son mencionados en este relato, han sido cambiados para salvaguardar la vida privada de las personas.


Esta historia da comienzo cuando Meche, Charo, Tino y Vito, ingresaron a la universidad Lastrovenia, ubicada en la metrópolis de Melaco. Los edificios que ocupaban el alumnado, estaban separados por escasos metros, albergando a estudiantes según su sexo. El complejo A lo habitaban las féminas y el B, los varones.

Meche y Charo compartían un cuarto. Lo mismo ocurría con Tino y Vito.

Luego de las horas de clases, los dos muchachos practicaban baloncesto, mientras ambas adolescentes ensayaban, en el gimnasio de mujeres, sus ejercicios de porristas.

Durante los eventos deportivos interuniversitarios, las miradas de Meche y Tino iban más allá del mero soslayo. Realmente el cuerpo de ella incitaba a la distracción cuando el juego se fraccionaba en cada minuto pedido por los entrenadores.

Una tarde, se produjo el deseado acercamiento. A partir de ese momento, Meche y Tino fueron amantes. Y como Vito gustaba de Charo, entonces decidieron sobornar a los celadores que custodiaban el orden durante el horario nocturno. Meche y Vito cambiaron sus lugares, hasta las seis del nuevo día. Los encuentros se hicieron muy frecuentes, tal como lo impone la edad y la naturaleza.

A los pocos años, las parejas contrajeron matrimonio. La profunda amistad existente entre ellos, generó la compra de dos terrenos lindantes en Sucshion, un paradisíaco lugar cerca del lago Unfeel, dónde más tarde construirían sus lujosas viviendas.

Pasados once meses, Meche tuvo mellizos. La alegría compartida permitió que los cuatro eligieran el nombre de los recién nacidos. La niña fue registrada como Meñica y el niño se llamó Melaco, en honor a la ciudad que los reunió en ese destino que parecía inseparable.

Al no poder Charo conseguir su ansiado embarazo, y que fuera confirmado en el diagnóstico de esterilidad, los hijos del matrimonio de sus amigos atenuaron ese estigma que la resignó a ser nulípara. Tanto ella como su esposo, aportaron parte de su amor en la crianza de los mellizos, sin encontrar resistencia por parte de sus padres naturales.

Una noche, después que Vito tuviera una fuerte discusión con su esposa, se dirigió a la casa de sus amigos, quienes, además de escucharlo, le ofrecieron quedarse en el cuarto de huéspedes. Y como el reloj había dado tres campanadas, Meche le prometió que iría a hablar con Charo a primeras horas de la mañana.

Serían aproximadamente las cinco, cuando la mujer de Tino se levantó para ir al Baño. Bruscamente fue abordada por Vito, quien descargó toda la lujuria pasional desbordada, dentro de aquel cuerpo que no ofreció resistencia. Ella, temerosa, regresó apresurada al dormitorio, acostándose lentamente al lado del marido, sin haberse higienizado y aguantando sus tremendas ganas de orinar. Aún sentía correr por sus piernas el jugo placentero que había invadido lo más profundo de sus entrañas.

Cerca del mediodía, Meche fue a dialogar con su amiga, tratando de hacerle comprender el absurdo enojo que suele producirse en la pareja, y que debía contemplar la congénita inmadurez machista. Luego de la despedida se propuso ir a visitar a sus padres.

Charo, sin conocer la decisión de Meche, se dirigió a la casa de ésta, para agradecerle las palabras que mucho la habían hecho reflexionar. Apenas digitó el timbre, Tino abrió la puerta. Ella se vio sorprendida, dado que lo creyó en su trabajo. Él le comentó que soportó una mala noche y no se sentía lo suficientemente repuesto de su malestar. La convidó a pasar. Ella accedió. Dirigiéndose a la cocina preparó café para ambos. Cuando Charo se sentó suavemente sobre la mesada, él pudo observar aquellos muslos entreabiertos. Y avalanzándose intempestivo, arrancó de ella su prenda más íntima, poseyéndola con furia. No hubo oposición. Únicamente gritos, gemidos y estimulantes improperios. Minutos más tarde, mientras la cúspide del clímax pedía sosiego, ella, abruptamente, se dio a correr hasta su casa, mientras el pegajoso líquido, aún tibio, recorría sus huyentes tobillos.

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El agasajo quinceañero de Meñica y Melaco fue inolvidable. Vecinos, parientes, adolescentes y amigos, se reunieron a celebrar tan esperado aniversario, dado que los mellizos eran realmente notables por su conducta, respetuosidad y capacidad. Cada uno se sentía orgulloso de tenerlos entre ellos. La orquesta no dejaba de tocar temas que involucraban a distintas generaciones, logrando alcanzar comodidad, divertimento y el particular sentir de cada invitado, que no paraba de danzar y comer los exquisitos bocadillos ofrecidos.

Solamente el alba consiguió poner fin a aquella memorable velada.

Transcurridas algunas semanas y aprovechando que Charo y Meche habían ido al cinema a ver, por enésima vez, Lo que el viento se llevó, Vito concurrió a casa de Tino para presenciar el séptimo partido de básquet que proclamaría el ganador de la NBA. En un determinado momento, y no por casualidad, las piernas cercanas se contactaron. Las fricciones, cada vez más frecuentes, ocasionaron el inicio de la relación íntima. Cuando el fragor impedía apreciar la llegada del automóvil de Meche, al abrirse la puerta, ésta pudo contemplar estupefacta lo que estaba sucediendo. Las lágrimas le impedían ver el camino que conducía a la casa de su amiga. Al ser recibida por Charo, le narró - entrecortadamente - lo que había visto.

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La sentencia de los divorcios se produjo durante el transcurso del mes de Septiembre, decidiendo Meñica quedarse bajo la tutela de su padre, mientras que Melaco se fue a vivir con su madre.

Por razones de conveniencia y presupuesto, Vito se alojó en casa de su amigo y Meche se quedó residiendo con Charo.

El desconsuelo compartido entre las dos mujeres, fue la causa aparente que les permitió contraer un vínculo de gran intimidad. Saliendo de compras, ingresaron a un Sex Shop dónde pudieron adquirir dos vibradores. Estos objetos, seguramente complementarían el juego de caricias y besos, que se manifestaba en cada encuentro amatorio. Gozosas y ardientes estimulaban su libido, tratando de incorporar creatividad a las sensaciones.

Hasta que un día, cuando Charo retornaba del supermercado, vio a través de la puerta semiabierta del dormitorio compartido, a Meche sobre las espaldas de Melaco, introduciendo su preferido vibrador en el ano del muchacho. Y como ella también sentía apego maternal, salió desesperada a comentarle a Tino el incesto que había presenciado. Llamó a la puerta sin obtener respuesta. Entonces, la golpeó con ira. Ésta cedió por no estar convenientemente cerrada.

Agitada recorrió los bajos de la casa. Inmediatamente subió las escaleras y.....vaya sorpresa. Pudo contemplar como Meñica poseía a su padre con el aquel eréctil aditamento que ella bien conocía.

Sorprendido, Tino la increpó preguntándole que hacía parada debajo del dintel, observando. Entonces, gritando le contó lo sucedido con su ex mujer y su hijo. Meñica, tomando las escasas prendas diseminadas en el suelo y en la cama, se fue a su habitación, llorando.



Meñica ha dado a luz a una hermosa criatura, mediante las técnicas de fertilización asistida. El esperma que produjo la fecundación pertenece a Melaco. Hoy, los dos viven en un confortable departamento. Meñica es una excelente diseñadora de ropas masculinas, profesión que le genera muy buenos dividendos. Melaco cuida a la niña y hace las tareas domésticas.

Ah!..............Meche, Charo, Tino y Vito volvieron a constituirse en matrimonio. Aunque ahora las parejas son diferentes.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583