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Ensayos y política - 20 de Diciembre de 2005

Primera Dama

Primera-Dama
En Argentina, luego del ejemplo dado por Eva Duarte de Perón, todas las primeras damas que participaron en gobiernos democráticos han tratado de hacer olvidar a aquella controvertida persona. La mayoría comprendió que estar ausente en las gestiones de estado era lo más conveniente, excepto la que volviera incluir el general – integrante de su fórmula – durante su tercer y último mandato. Más tarde, pudimos conocer bien de cerca el padecimiento que significa la inepta sucesión del sillón presidencial. Por más que la realidad argentina sea irreversa.
El advenimiento del golpe militar no mostró mujeres que participaran en cosas de galones. Será por eso de ser soldados de la patria, aunque deban arrancar de cada vientre secuestrado el futuro pensamiento del nacido.
Contentos de recuperar la democracia – palabra fundacional de nuestra historia irremediable – las primeras damas brillaron por su ausencia. Rigurosos e invidentes hombres que en su condición de separados, mostraron damiselas y sombras con aroma a perfume de amante. Diversificación de gustos urquizanos que se dan ciertos mandatarios.
Ocurre que en nuestro país, para llegar a ser primera dama hay que realizar el mismo camino que cualquier mujer normal, sin importar penurias ni discriminación. El trayecto se vuelve dificultoso e insoportable. Si no, tomemos el paradigma de nuestros días.
La actual primera dama tuvo que sufrir demasiado para llegar para conseguir serlo. Pasó la prueba que requiere el sentido común impreso en los estatutos morales que rigen a nuestra Nación. Debió viajar en trenes, subterráneos y colectivos atestados de reses humanas, donde fue víctima de abusos deshonestos, robos y pérdida de trabajo por llegada tarde. Tuvo que prepararse en colegios y universidad estatales de gran reconocimiento mundial por la excelencia de programas de estudio, amén del orden y probidad que gozan estudiantes, académicos y decanos. También vivió en villas emergentes, a la margen del hermoso riachuelo, sintiendo el dolor de ver a su familia sin trabajo y padeciendo desnutrición. Cuando consiguió su primer empleo se sintió útil y orgullosa, a pesar que le pagaran en negro, pero poco importaba carecer de beneficios sociales. Ella sabía que llegaría a ocupar un lugar importante y trascendente. Recuerda que cuando precisó urgente atención médica, no pudo ser asistida como hubiera merecido por falta de insumos y la descomposición del sistema sanitario. Pero, no se amilanó. Con su gastritis aguda siguió batallando por ese sueño que vislumbraba todas las noches en el mísero cuarto familiar. Y por más que las ratas atravesaran las rendijas del aposento, se dijo a sí misma: “Nada ni nadie va a impedir mi aspiración”.
Siguió luchando, superando aquel intento de violación que se le presentó en una de las esquinas que solía transitar a la madrugada, cuando emprendía el recorrido a ese nuevo trabajo de igual sueldo y estilo de pago remuneratorio.
Hasta que un día, sin saber por qué ni de donde vino, una veintena de propiedades estaban a su nombre. El rigor de la prueba había dado sus frutos. Luego de noviar con otro estudiante de leyes, logró formar familia y.....................¡vaya buena suerte!, el esposo se convirtió en gobernador y ella continuó los pasos que le signó la vocación política.
Hoy, el matrimonio conduce los designios de nuestro bendito suelo y esperanza. Ella, primera dama, teniendo la experiencia existencial – de la que diera testimonio – procura rebasar el ejemplo de Eva Duarte de Perón, bregando por la justicia social visitando los recónditos espacios de nuestro territorio, dando lo mejor de su sensibilidad y llevando gran parte de los ingresos del PBI estatal a los más necesitados, recordando el sendero que tuvo que atravesar con su angustia a cuestas. Es tan destacable su humildad que no necesita de vestimentas de marca, ni sacarse fotos con personalidades, y menos viajar por el mundo demostrando donosas sonrisas. Jamás pasó por su mente tentaciones reeleccionistas, evitando que la violencia, la pobreza y los señores enquistados al poder sean funcionales al gobierno. Es una luchadora en sostener acciones transparentes, tratando de emular – pero en mayor magnitud - a aquella Santa Cruz añorada, consagrada a la equidad y a la justicia.
El ejemplo siempre cae de arriba, por eso somos felices de tener una Primera Dama como ella. Quien te dice y llega a Presidente!!!!!!!!!!
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583