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Ensayos y política - 23 de Agosto de 2009

El final merecido

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Presumo que somos parte de una gran porción de desaparecidos con existencia registrada en la estadística pública. Una razón de murmullo que nos permite tener vigencia de ausencia corporativa, diagramando voces que desatan el abismal silencio del hombre, creyendo estar acompañados de pares que recogen la murmuración desesperante de ilusiones truncas y vigentes, como el aire contaminado que respiramos a diario, - leyendo del mismo - las necrológicas temiendo encontrarnos con nuestro nombre. Suspiro, evolución y tiempo perimidos por el antojo de sentirnos algo que derive en la posesión de infecundas pertenencias, acompañando a una retórica que se prodiga desde el autralopithecus hasta nuestros días. Una minúscula partícula de arena que durante cinco millones de años ingresó a la transformación del génesis ecuménico, diseminado en un espacio sideral que no comprende el desarrollo de nuestra especie, que culminará su actuación en los próximos y breves veinte siglos crediticios.
El instinto del mayor depredador ha gestado un devenir de consecuencias devastadoras y de características irresueltas, dado que el avance científico y el escaso sentido de humanidad no podrán dirimir acuerdos.
El mundo nos ha ofrecido la oportunidad de componer un concierto de mayúsculas expectativas a medida que el animal fue creciendo en capacidad neuronal, y así poder distinguir cada huella de los pasos transitados. La realidad nos integra a su capacidad pragmática y superadora, sin la posibilidad que la caprichosa ceguera se ajuste a la  interpretación del cruento postulado histórico condenable.
Si alguien leyera estas palabras, seguramente diría: “Es insólito lo que puede imaginar la mente”. Lamentablemente, para aquellos que así califican debo decir que no existe salida en el laberinto. Los cuatro mil seiscientos millones de años de nuestro planeta están llegando a su fin por causas colaboracionistas de nuestro género. La fiesta irracional, acompañada de instancias exultantes y civilizadoras, no alcanzan para reacomodar el péndulo del cronos ejecutante. Solamente, una mísera sujeción a aspectos genéticos y generacionales no es suficiente para destruir tal postulado. El calentamiento global y el efecto invernadero se viene produciendo aceleradamente. El descongelamiento polar y el posterior enfriamiento, multiplicará la destrucción ya prevista. Apenas la mitad de la población mundial sobrevivirá. Las pestes, la escasez de alimentos y el desespero por poseer recursos acuíferos, traerá la tan conocida imposición del poderoso contra el más débil.

Ciento cincuenta millones de espermatozoides fueron derramados en sucesivas entregas para que uno seamos nosotros. Nadie de las parejas ascendientes, que componen la cadena de nuestro árbol genealógico murió antes de dar a luz. ¡Ése es el milagro de la vida!!............según parece, nadie lo ha podido interpretar para mejorar su actitud en el desempeño de su responsabilidad.
Dispersos, globalizados, componentes del aislamiento que conlleva a la destrucción del entretejido social, seguimos bregando por el impulso autodestructivo y separatista, segregando toda pauta vivífica a cambio de confort, status, éxito, fama y disparatado consumismo, que suele ofrecer una prescindible tecnología insensata y aisladora, depreciando el contacto humanístico, cambiando el ser por el tener en una factoría de abismados secretores del incólume autismo a destajo.
La polución, el desmonte y el constante descuido de nuestra casa telúrica, ha provocado el desequilibrio del ecosistema sin posibilidad de retorno. Se  sigue destruyendo el hábitat y gran parte de las especies – entre ellas, la nuestra – Las consecuencias van más allá de la capacidad de reparar el daño ocasionado.
Y el amor se juega en lotería, tratando de conseguir el premio mayor que se acomode al bienestar individual, donde el egoísmo y las frustraciones practican karate en la tienda del desahucio. Mientras Bush acordó en secreto con Big Laden, encontrar otras torres gemelas para establecer el poder Imperial, como sucediera en las entrañas fundacionales de sus respectivos parentescos, cuando las finanzas no requerían de corporaciones fundamentalistas ni capitalismos salvajes. 


¡Ah! Si esto los aburrió, recuerden ver por TV Bailando por un sueño y los programas que dialogan sobre “chimentos”................¡Son imperdibles!!!..............., y no se olviden de dejar al pibe jugando con la computadora, mientras su hija le sigue mandando mensajes de texto por el celular a su novio. Total, que importa cenar cada uno en su lugar preferido. La libertad es un derecho. ¿Será verdad?
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583