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Cuentos - 16 de Noviembre de 2004

Amor diluido

Amor-diluido
Él estaba parado en la vereda de enfrente, debajo de la copiosa lluvia, observando la ventana iluminada de su amor sufriente. La noche se presentaba fría y desolada. Detrás de ese vítreo escaparate una mujer inundaba de vapor vital, por medio de su hálito, la superficie transparente.
Como si fuera una pizarra improvisada, escribió con su índice: “Te extraño”, al tiempo que varias gotas recorrían aquel espacio por debajo de cada una de las palabras, continuándose en los ojos expectantes de ese hombre que se prolongaba con el llanto recibido por la gélida fachada.  
Pensó en agregar a su mirada el líquido que caía de los altos de aquel edificio, para aseverar el sentido de la ausencia. Y aunque estaba conmovido, la parálisis y el temor le imposibilitaban alcanzar la decisión de la cordura. Solamente contemplaba las lágrimas que nacían por debajo de aquellos adorados dedos que escribían añoranzas, tratando de encontrar el porqué del desencuentro impuesto por el descontrol de las frases dolientes e infundadas.  
Él creyó diluirse, poco a poco, hasta fusionarse con las aguas del vendaval.  
Un punzante dolor estremeció su pecho y un charco se formó debajo de sus pies ya inexistentes.  
Buscó la excusa del perdón, pero era demasiado tarde.  
El calor proveniente de una rejilla que comunicaba con el interior del subterráneo, comenzó a vaporizar el agua de aquella vereda, donde impacientemente aguardara ese hombre contemplando una ventana.  
La humífera descomposición empezó a ganar altura hasta llegar a las márgenes de esos vidrios que separaban a aquella mujer del mundo exterior.  
Y empañándolos como a un espejo que provenía de las afueras de aquel cuarto, un invisible dedo escribió el siguiente mensaje: “El amor puede transformarse en un estigma indeleble que supera a la razón y al olvido”.  
Y aunque hoy, la entonces propietaria ya no habita ese departamento, nadie ha podido quitar de aquella ventana el testimonio de lo incomprendido.  

Vivimos siempre evocando las huellas, pero nos olvidamos del espacio que existe entre cada una de ellas”. 
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2024 | Textos disponibles en el sitio: 594