El agua azota,
los cuerpos mudan su destino,
la mierda ríe libre en el camino,
y en planicie flota aquel futuro
donde duermen los sueños
del gentío deshecho e ignorado,
mientras el corrupto calla
sus promesas del pasado.
El agua sumerge
pocos bienes desdeñados,
oponiendo un cúmulo en mano
del rapaz traidor del semejante
que ofrecerá en voto trasuntado
otra esperanza incumplida,
y empeorar en condición de vida
el ventarrón que ofrece su fracaso.
El agua emerge
sus años perdurables de vigencia
donde recuerdos la correntada lleva
y un renacer del nada multiplica
la mendaz saliva que se aplica
en resarcir su anegada anomia,
el manantial de habitual falacia,
manto olvidable de otra historia.